Diseño emocional y regalo corporativo: objetos que enganchan y enamoran



Cuando Donald A. Norman publicó su libro Diseño emocional: Por qué nos gustan (o

no) los objetos cotidianos, logró poner con detallados y divertidos ejemplos cómo es

que las sensaciones que tenemos sobre determinadas cosas modifica cómo

interactuamos con ellas.


Claro que para muchos de los que nos dedicamos al diseño industrial esta premisa nos

puede parecer obvia, tomo en consideración dos cosas: si es algo de todos sabido,

¿cómo es que todos los días nos topamos con objetos que nos parecen espantosos,

pero que de igual forma se comercializan? Y la segunda es que muchos de los clientes

que solicitan la creación de objetos, no necesariamente son diseñadores sino

encargados de áreas como comercial o comunicación y relaciones públicas. A ellos

también quiero dirigir estos ejemplos.


Norman dice que hay tres funciones cognitivas que todos experimentamos ante

cualquier objeto:


1. Visceral: es nuestra primera impresión y, como dice el dicho, es muy

importante que el objeto en cuestión “enamore”, o al menos que logre

entusiasmar en cierto grado. Normalmente no estamos conscientes, solo

sabemos que algo nos encanta o nos desagrada, pero ocurre tan rápido en

nuestra mente que es un proceso que prácticamente ocurre en automático.


2. Cognitiva: ocurre cuando interactuamos con el objeto y podemos comprobar su

rendimiento o su funcionalidad y qué sensación nos produce usarlo. Si es

eficiente nos generará una experiencia placentera, y ello genera una respuesta

cognitiva sobre el objeto.


3. Reflexiva: esta función nos toma más tiempo activarla, pues solo después de la

primera impresión y de que hayamos podido interactuar con el objeto

podremos comenzar a definir qué tipo de sensación nos produce: puede ser

nostalgia, emoción, orgullo, etc.


La experiencia corporativa


La definición de Donald A. Norman sobre el diseño emocional debiera estar presente

en prácticamente cualquier objeto que se comercialice… o regale. La cuestión es que

en varios casos cuando se trata de un regalo corporativo se prefiere lo “sencillo,

económico, lo que esté más rápido”, al fin que a caballo regalado no se le ve colmillo.

El fallo no es exclusivo del cliente, también los diseñadores fallamos en demostrar que

las posibilidades son muchas y sin mayores complicaciones.


Lo primer que debería de definirse en estos proyectos es el público a quien se le hará

llegar este objeto: ¿son los propios empleados, clientes actuales o prospectos? En

cualquier caso, el cliente debe tener muy clara su identidad.


En su libro Branding Corporativo. Fundamentos para la gestión estratégica de la

Identidad Corporativa (EBS Consulting Group, 2009), Paul Capriotti Peri dice que el

objetivo de tener una sólida imagen corporativa es “lograr la identificación,

diferenciación y preferencia de la organización.


Debido a la situación existente en el entorno general y competitivo, uno de los problemas más importantes para las organizaciones es que los públicos tienen dificultades para identificar y diferenciar los productos, servicios y organizaciones existentes en un mercado o sector de actividad”.


Conocer la historia de la empresa, marca o producto nos ayuda a proponer elementos

que enganchen con quienes han sido sus clientes y consumidores, si es que queremos

apelar a la nostalgia; saber qué elementos son los que dan “estatus” y genera orgullo

entre sus clientes para poder destacarlos o también poder proponer algún elemento

que apele al futuro de su producto o marca predilecta.


Estas definiciones que se deben realizar a través del branding corporativo nos ayudan

a dar soluciones para lograr el objetivo: ocupar un espacio en la mente de los públicos

a través de la imagen positiva que deja un regalo que es funcional, atractivo y

presumible. ¿Todavía creen que la libreta y la pluma son suficientes en esta época en

el que el rango de atención de los humanos es de ocho segundos? Son estos escasos

segundos los que tenemos para dar una experiencia de usuario positiva, antes de

terminar abandonado en el fondo de un cajón en una oficina, o peor aún, en la basura.


Por fortuna, nuevos materiales sustentables y tendencias verdes nos ayudan a

proponer mejores productos, incluso ya no necesariamente tienen que ser los típicos

objetos dentro de un catálogo estandarizado y con materiales plásticos, pueden ser

productos que se puedan adaptar a las necesidades de los clientes e incluso crear

nuevas alternativas que reflejen los valores y detonen emociones positivas en los

usuarios sin dejar de lado la parte sustentable.


Debemos innovar y presentar objetos que toquen en lo mas profundo del subconsciente a nuestros clientes, y además que beneficien a nuestro planeta y al medio ambiente.

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